Alumbrado Inteligente

El “alumbrado público inteligente”: una iluminación a la carta

El hecho habla por sí solo: la mitad de los habitantes de la tierra vive ya en las ciudades, y se prevé que estas sigan aumentando su población en la próxima década. Son los datos que maneja Naciones Unidas para su 0bjetivo de Desarrollo Sostenible 11, “Ciudades y comunidades sostenibles”, en el marco de la Agenda 2030. Ante tal panorama de urbanismo desbordante, las ciudades necesitarán ser cada vez más “inteligentes” y sostenibles, para que el espacio público sea cada vez más habitable. Y, en esto, una vez más, la tecnología acude al rescate.

Entre las tecnologías desarrolladas para aliarse con las ciudades, se encuentra el llamado “alumbrado público inteligente”, un sistema de iluminación que ha ido cobrando fuerza en la última década y que ha sido implantado en numerosas ciudades europeas, dando excelentes resultados en términos de eficiencia, coste energético y habitabilidad.

Ciudad iluminada

La obtención de datos de los LED permite adaptar la luz en cada momento

Y es que el “alumbrado público inteligente” va mucho más allá de sustituir bombillas ineficientes por luces LED. Su gran aporte, y el más revolucionario hasta la fecha, es el de poder obtener y gestionar, en tiempo real, un enorme volumen de datos procedentes del sistema de alumbrado para adaptarlo a las necesidades específicas del momento y el lugar. Algo así como una iluminación a la carta.

Gracias a un potente sistema de obtención y procesamiento de datos basado en inteligencia artificial, y a los detectores de movimiento de los dispositivos LED, los puntos de luz que integran el alumbrado público funcionan a demanda. Eso significa poder apagar, encender, potenciar o atenuar la luz de una farola o una luminaria dependiendo del volumen de tráfico de vehículos, del tránsito de personas, de la fluctuación de la luz natural o la que proviene de los edificios. Permite, incluso, responder a problemas tan reales como a la presencia de mosquitos, ajustando la iluminación y evitando así sus incómodas consecuencias.

Diferentes alumbrados

La gestión digital del alumbrado soluciona el problema de la dispersión lumínica

Una ventaja directa y cuantificable de esta telegestión de la luz en el espacio público es la de acabar con la dispersión lumínica que tantos costes genera. Que un diseño ineficiente ilumine las ventanas de las viviendas, que no necesitan luz, en lugar de alumbrar aceras, caminos y senderos peatonales, genera un gran impacto medioambiental y económico. Con la gestión “inteligente” del alumbrado, sin embargo, no solo aumenta la capacidad de los transeúntes para caminar por cualquier lugar de forma segura, y también más inclusiva, sino que se evita un desperdicio de energía que las ciudades sostenibles no se pueden permitir.

Ni en términos económicos, ni ecológicos. No en vano, el impacto medioambiental de un diseño de alumbrado ineficiente ha demostrado ser demasiado alto. El consumo energético de las ciudades arroja a la atmósfera toneladas de dióxido de carbono cada año, empeorando así el problema de emisión de gases de efecto invernadero que, se apunta, es una de las grandes causas de la crisis climática. Por eso, reducir el consumo mediante sistemas que permiten optimizar los recursos energéticos, como la inteligencia de datos aplicada al espacio público, es, a todas luces, una cuestión apremiante.

Se trata, por tanto, de un sistema ágil que permite programar los distintos escenarios, y gracias al procesamiento de todos esos datos, estudiar e introducir mejoras para el futuro, llegando a cada rincón de los espacios compartidos por todos.

 

Alumbrado puente